Una palabra, mil emociones

Nacho Novoa – Escritor

La foto

La familia estaba de celebración, no se cumplen 30 años todos los días. Habían pasado más de diez años sin verse en persona y, por fin, ahí estaban posando para la foto. Se miraban fijamente a los ojos, uno en frente del otro, se hizo inmortal el momento.

Jesús y Diego eran gemelos de nacimiento. Desde pequeños era imposible distinguirlos. La misma mirada alegre y soñadora, ternura de los recién nacidos con una gran vida por delante. Incluso su madre a veces los confundía.

Inseparables desde la cuna compartieron multitud de aventuras y travesuras juntos. Entre juegos imaginarios y la curiosidad de los niños llevaban de cabeza a su madre. Aún resuenan en las paredes los gritos de su madre cuando los encontró en medio de la cocina con el tarro de colacao esparcido por todo el suelo y los dos pequeños negros como el carbón de revolcarse y lamerlo. Los pequeños nunca entendieron bien qué les quería decir, solo reían y se deleitaban con el sabor del chocolate.

Su casa les parecía un castillo en el que reinaban los abrazos y el cariño. Crecían por días y se convirtieron en los príncipes del hogar y del cole. Eran la pareja de niños más queridos de todos y el ojito derecho de sus maestras que veían en ellos un potencial enorme para hacer grandes cosas. No era casualidad que fuesen tan queridos ni lo rápido que aprendían.

Aún siendo adolescentes verles uno enfrente al otro era como el reflejo de un espejo. Cuando cumplieron quince años su madre guardó una foto que considera mágica. Se las tomó de imprevisto, sin que se dieran cuanta, estaban a punto de abrazarse mirándose. Idénticos, su mirada, su talante parecían separados por un espejo.

Como todos los jóvenes de esa edad comenzaron a buscar su lugar en el mundo. Las tormentas emocionales y hormonales les dirigieron por senderos distintos. Poco a poco esa mágica conexión se fue perdiendo en el tiempo.

Diego encontró una chica maravillosa, dulce, guapa y amante de las letras como él. Descubrió el amor puro de la juventud, la sexualidad y crecieron juntos hasta que el destino les separó cuando él partió a la uiversidad.

La vida les enseño que habían compartido grandes momentos, que todo son épocas y la suya se había acabado aprendiendo el uno del otro a vivir crecer como personas. Se habían amado locamente y al final la llama se apagó.

Cuando llegó el momento de partir de casa Diego se fue a estudiar derecho. Se convirtió en un gran abogado, respetado en su profesión y enamorado de su trabajo. Seguía en contacto con su madre con la que hablaba a menudo y volvió a encontrar el amor.

Fue un amor maduro en el que ambos sumaban a la relación y su pareja. Formaron una familia y trajo al mundo a dos preciosas niñas que tenían los ojos celestes de los gemelos y el negro pelo de su madre. Para él eran su más preciado tesoro, desprendían en su mirada la misma ternura yalegría que veía en los ojos de su hermano, al que llevaba tanto tiempo sin ver.

Jesús no fue tan afortunado en el amor como su gemelo. Tuvo varias relaciones efímeras, se encontró a menudo con la fría daga de los celos y fue engañado en alguna ocasión. Encontró en el disfrute de su intimidad una válvula de escape y una medida de su cambiante autoestima, unos días por los suelos y otros por las nubes. Se hizo adulto antes de tiempo en el amor y protegía su corazón mucho antes de abrirse .No lo volvió a abrir por miedo a mostrarlo desnudo, por miedo a que lo vuelvan a herir.

Jesús necesitaba cambiar de aires, todo le recordaba a su tormentosa adolescencia, aún le dolía, quería volar de allí. Decidió viajar a Inglaterra para olvidar y empezar de cero. Por desgracia las cosas no fueron a mejor. Intentó adaptarse al clima para empezar pero extrañaba el sol de su tierra y la alegría de sus plazas.

Quiso estudiar y cumplir su sueño de ser arquitecto, pero era incapaz ya que no lograba dominar el idioma, abandonó su sueño. Encontró un trabajo en un bar en el que a día de hoy trabaja como encargado Sentía como la vida pasaba con cada día como una fotocopia del anterior. Había perdido el contacto con su familia, muy rara vez hablaba con ellos y no pasaban de algunos mensajes breves. Era como el tiempo de su país de residencia, taciturno, gris.

Decidió volver después de tantos años. Lo hizo tras la última discusión con su pareja y una noche en la que aún no recuerda cómo llegó a casa. Había bebido más de la cuenta. En la última época solía hacerlo. Coincidía con su 30 cumpleaños quería ver a su familia y era el momento perfecto para hacerlo.

Habían pasado 12 años desde la última vez que vio a su familia y a su hermano. Su alma gemela le recibió en la casa de su madre para la celebración. Sin duda era un día especial para todos.

El tiempo había pasado diferente para ambos, Diego tenía menos arrugas y los ojos transmitían tranquilidad y amor. Jesús tenía los ojos caídos, tristes, más canas y ya tenía arrugas. Su apariencia física también era diferente mientras que el primero tenía cuerpo atlético de sus entrenamientos semanales y su alimentación, el segundo ya tenía algo de barriga y el cuerpo menos erguido.

Su madre guardaba un regalo para ambos. Lo sacó de su cajón de los recuerdos, ese en el que guardaba todo aquello que le despertaba alguna emoción, los tesoros de su vida.

Eran dos copias de la foto de los hermanos de cuando tenían 15 años. Se les veía a ellos, no se les podía distinguir.


Desde que nacemos tenemos una serie de características innatas para la vida. Para algunos serán mejores y para otros peores. Nos pueden hacer sencillo o algo más difícil lograr lo que deseamos.

Sin embargo, la vida misma nos va poniendo en diferentes circunstancias para ponernos a prueba, usar nuestras habilidades y crecer en el camino.

Los dos gemelos presentan aspectos muy diferentes fruto de caminos dispares en la vida. Son el reflejo de lo que ha pasado durante los años pasados y cómo lo han afrontado.

Puedes elegir ver la circunstancia como una experiencia negativa que nunca quieras repetir o bien usarla como aprendizaje y elevarte con ella como pasa con sus relaciones.

Puedes elegir en quién te conviertes y cómo vives la vida.

¿Qué piensas? Te leo.

Con cariño,

Nacho


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