Una palabra, mil emociones

Nacho Novoa – Escritor

Marcos, el niño jardinero

Marcos era un niño muy especial para su corta vida. Solo tenía diez años y ya tenía claro qué quería ser de mayor. Su sueño era convertirse en un maestro de la jardinería y hacer disfrutar a los demás con sus bellas creaciones. En su desvelo diario visualizaba sus frondosas obras repletas de colores.

Decidió iniciarse en la práctica comprando unas pocas flores y arbustos pequeños para plantar en su casa. Tenía poco espacio, así que tampoco podía crear un jardín como los de sus sueños, pero al menos podría iniciarse. Seguro que su madre se alegraría enormemente, sabía que le brillaban los ojos al ver flores, especialmente los tulipanes, sus favoritos.

Había escuchado que las plantas requieren cariño, así que les puso música clásica a todas horas. También necesitaban agua, cada vez que notaba la tierra algo seca las regaba. Las podaba cuando notaba que crecían sus hojas.

No tardaron en marchitarse. No entendió muy bien por qué, pero lo volvió a intentar.

Pensó que se podrían haber ahogado al regarlas en exceso por lo que sólo las iba a regar cuando notara que les haría falta. Además, las iba a podar sólo una vez al año para dejarlas crecer.

Las plantas se le secaron y terminaron muriendo. Ya desesperado consultó con un experto en jardinería. Este le dijo:

– Verás, lo primero que debes saber es que estás plantando, conocerlas muy bien. Una vez que lo sepas cada una tiene una forma diferente de ser tratada. Unas necesitarán mucha luz y agua, otras muy poco agua como el cactus. Ni por mucho regarla, ni por dejarlas abandonadas lograrás que crezcan y muestren todo su esplendor. Ten paciencia, deja que la madre naturaleza haga el trabajo, tú solo estás para facilitarle su tarea.

A partir de entonces sus jardines no solo crecieron, acabó siendo el maestro jardinero con el que había soñado ser.


Nuestra propia vida es como ese jardín que Marcos tiene en sus sueños. Desde que nacemos tenemos nuestras semillas, que son nuestra esencia, y se van asentando nuestros valores y creencias, que son nuestras raíces. Debemos dedicarles paciencia y cariño para hacer crecer ese majestuosa planta que podemos llegar a ser.

Hay que elegir el abono adecuado, controlar el tempo, regular el agua y dejar que crezca tan alto como desees. Recuerda no ahogar tu crecimiento con trabajo en exceso o forzando los resultados, no funciona lo alejarás de tí.


Te leo, ¿Has buscado tanto algo que lo has terminado alejando?

Gracias por leer.

Con cariño, Nacho.

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