Una palabra, mil emociones

Nacho Novoa – Escritor

Photo by Gabe Pierce on Unsplash

La velocidad de tu corazón.

La velocidad es mi droga, pero tu tienes otro ritmo. 

Sentir la carretera bajo los neumáticos como si fuesen mis zapatos, abrir el viento a mi paso a 200 kilómetros por hora o sentir como mi cuerpo casi se sale por la ventanilla en una curva son mis adicciones. Vine el mundo rápido, soy sietemesino y me salté varios STOP para llegar a donde estoy. Una carrera fulgurante, galardones y vueltas rápidas, ya he perdido la cuenta de cuantas llevo, han sido años con el pedal pisado a fondo. Hasta que te conocí y frené en seco para evitar el choque frontal. 

Estaba acostumbrado a la velocidad en el circuito y en mi vida privada, noches de curvas rápidas en hoteles antes de los entrenamiento, paradas en boxes para respirar y cambiar al siguiente trazado. Pruebas de neumáticos y motores diversos, a toda marcha, sin pararse a tomarle cariño al chasis del coche. Cuando más rápido iba, en parciales de tiempo récord, fue cuando te ví y mi pie se posó en el pedal del freno, ese que intentaba evitar pisar.

No pude resistir la tentación de invitarla a uno de mis vueltas rápidas, ella cambió mi propuesta por un paseo en su turismo, lento, disfrutando el paisaje y sin cronos. Me enseñó otros carriles, ritmos y a mirar por la ventanilla. Creo que jamás había conducido tan lento y sin embargo era mi corazón el que latía tan rápido que se quería salir de la pista. 

“Vivía a toda velocidad, pero la autopista de sus curvas la transitaba lentamente y sentía aún más adrenalina.”

— Nacho Novoa

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