Cuando el balón enmudece el mundo.

¿Cómo estás? Hoy estoy muy ilusionado con este texto, habla de esos momentos especiales que sientes que todo, literalmente TODO va a cambiar.

¿Te ha pasado?

Disfruta la historia.


Hay un momento que es único en un partido de fútbol. Cuando la pelota está a punto de entrar en la portería, por un instante todo se silencia, es imperceptible ese instante, pero si prestas atención créeme que existe, es pura magia. Todos en la vida vivimos eso al menos una vez, son las ocasiones especiales en las que el devenir de un encuentro cambia completamente. 

¿Nunca te has sentido así?  A mi me sucedió hace poco. 

Me llaman Rafi y dicen que soy como un defensa central, alto, duro y siempre bien posicionado. No soy el más habilidoso en las negociaciones ni el más elocuente en mis discursos, pero siempre estoy en el sitio y momento adecuado. Tengo 33 años a mis espaldas, varios campeonatos perdidos y algunas lesiones graves me avalan en forma de cicatriz. Arruinarse y volver al juego en tres ocasiones no puede decirlo cualquiera.

Las casualidades no existen, creo en la causalidad. Siempre he buscado el éxito empresarial. Desde los 16 años sueño con fundar el negocio que me sitúe en las grandes ligas del management, compartir mesa redonda con los peces gordos y acabar el tercer tiempo de copas con ellos en algún yate. Como ves no soy un tipo habitual, tampoco quiero serlo. 

Por suerte para mi, todas esas horas de entrenamiento, de levantarme al alba, acostarme más tarde que nadie y de aguardar en el banquillo tuvieron su fruto. Aunque no lo vi hasta hace poco, muy poco de hecho. Es lo que tiene estar en segunda línea, cubriendo a tus compañeros, no eres consciente del papel que juegas hasta que apareces en escena. 

Hace poco más de dos meses había presentado un proyecto a mi grupo de mastermind de los jueves por la noche. Tenía la costumbre de irme con ellos a tomarme una bebida isotónica con sabor a cebada después del trabajo para afrontar más fresco el último día de la semana. Salían las ideas más inverosímiles y aunque eran reuniones muy serias mi idea quedó en el aire, casi como si solo valiera para unas risas, después de la tercera cerveza la vida se ve diferente. Aun así, para mi la visión era preclara, era revolucionar el mercado y crear un sistema de venta nunca visto.

Mi proyecto consistía en un rebranding de Luxury Jew una marca de bisutería muy cara que pasaba por serios problemas económicos. La conocía por ser la favorita de un antiguo ligue y me pareció que su producto era de una calidad excelente, su relación calidad precio era muy buena, pero su marketing era deficiente. Era esa joven promesa, un diamante en bruto que no supo convencer para ganarse un hueco en el mercado. Le faltaba esa personalidad que define a una marca top.

– Imaginaros por un momento, que vendemos a ricachones como nuestros jefes joyas de diario, lujusas, pero con un toque informal. hacerles sentir como cuando eran más jóvenes y fardaban delante de sus colegas para ligar con las chicas despampanantes.

La idea resonó en sus cabezas, lo sabía por cómo me miraban. 

– Pues igual les vuelven a salir callos en las, manos como a ti con esa edad –Saltó en respuesta Fernando, con una de sus clásicas bromas, siempre nos hacía reír.

– Pffff… si te contara yo –. Agregó Mari. –Ya en serio, es una idea excelente, podróiamos darle un toque similas a nuestra promo para Rolex, fusionada con la de Bacardi. Pordía salir un mix interesante.

– Un buen mix es lo que te has tomado creo yo – le seguí el juego y desviamos la conversación a temas más banales, ya las cervezas hacían efecto. 

Aquella noche, dormí con una sonrisa en la boca no solo por haber bebido alguna cerveza de más, sino porque había estado increíble. Me sentí elocuente como mi primer jefe, convincente como el jefe de departamento de mi sección actual y sereno como el mismísimo Steve Jobs. 

La mañana siguiente sentí un impulso, sabía que aquel divague podía tomar forma y convertirse en un pasaporte a la gran final que tanto buscaba. Yo siempre había sido un jugador con desparpajo, así que diseñé mi estrategia por si surgía la oportunidad y plasmé el proyecto en papel. Soñar en grande es la única manera de llegar a la cima, por las dudas prefería prepararme.

Aproveché algunos de mis contactos para intentar entablar conversación con los responsables de Luxury Jew pero sin fortuna. No estaban por la labor de cambiar, era comprensible, no es fácil adaptarse a este cambiante mundo. Aun así eso no iba a desanimarme, tenía otros proyectos en marcha e iban bastante bien por lo que dejé el tema en reserva.

Fueron unos últimos meses muy intensos, me encontraba exhausto al finalizar los días y no podía dedicarme a nada que no fuesen mis proyectos de ese momento. Mi único oasis en las semanas era mi querido mastermind de los jueves, estar con gente especial, con jugones como se dice en el argot futbolístico, me refrescaba la mente y me mantenía alerta a las oportunidades que pudieran surgir. 

Lo que nunca pensé fue que la oportunidad ya estaba delante de mi, pero no había visto la ocasión de gol hasta hace una semana. Había encontrado el hueco en la defensa por instinto, de manera natural. 

¿Os había dicho que no creía en las casualidades? Me reafirmo. Uno de mis compañeros del mastermind era íntimo amigo de uno de los responsables de marketing de Luxury Jew. Desde aquel jueves que expuse mi gran idea para la marca había estado pasándome el balón con preguntas relacionadas, tirando paredes y comprobando si mi juego se adaptaba a las circunstancias. Lo hizo como un gran centrocampista, sin parecer que estaba en el juego pero controlandolo. 

– Oye Rafi, me he enterado que tu reconducción del branding de Zumate fue todo un éxito. Un 10% más de ventas y un 17% más de tráfico en sus redes. Me saco el sombrero, no apostaba nada por ese proyecto, es un producto carente de personalidad para mi.

– Si te soy sincero, he tenido mejores proyecto en rentabilidad pero ninguno tan complicado como este ¡Una maldita locura!.

– Admirable, pero no me extraña, llevo tiempo en la sombra siguiendo tu actividad, no soy un tipo de muchas palabras, ya lo sabes, voy directo al grano .¿Te ves haciendo el rebranding de Luxury Jew?. Si es así nos vemos mañana a las 11 hs en su oficina central en la sede de Avenida Pintor Zuluaga número 5.

Chocamos nuestros vasos cerrando la cita y nos quedamos hablamos de fútbol. No hay que ser muy listo para saber que soy un fanático de este deporte.

Al siguiente estuve puntual allí. Fueron 90 minutos de reunión, de la que estaba seguro saldría victorioso. Soy del Atleti, lo de sufrir también estaba en mi ADN, en el minuto 89 fue cuando habíamos llegado al acuerdo, mi mano y la del CEO a punto de juntarse para cerrar el trato, sentí ese mágico silencio, sepulcral, el mundo desaparecido por un microsegundo, la pelota estaba a punto de entrar en la portería.

Era el gol de mi vida.


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