Una palabra, mil emociones

Nacho Novoa – Escritor

Secreto enmudecido

Se paró el tiempo. Con una lágrima perfilando sus facciones logró abrir su boca. Era la primera vez que le escuché hablar en cinco largos años.

Fuera diluviaba y los relámpagos daban un espectáculos de luces y sombras que entraban por los grandes ventanales de la casa. En la tele una serie cómica. La risa era siempre un refugio para mí.

Mi madre solo reía. Era su trinchera en la guerra abierta con mi padre.

Le podías confiar cualquier secreto que se lo llevaría a la tumba. Tardó 15 años de matrimonio en confesar que su marido le pegaba y ocasionalmente la violaba. Diez años duró ese calvario.

Necesitó tres gin tonics y dos copas de vino. Me lo confesó después de un chiste con el que lloramos de la risa. Era una noche como la de hoy, de tormenta. Estabamos las dos solas en la casa. El llegaría más tarde.

En honor a ella siempre brindo con vino, confío en que me dará suerte a mi también.

Odiaba a mi padre. Con toda mi alma. Aquel día le arranqué de mi corazón para siempre. Nunca más tomé whisky, era su bebida favorita. Su musa en esas noches oscuras de mi madre.

Al día siguiente se marchó, no le volvimos a ver. Ella enmudeció desde entonces. Creo que nunca se esperó que desapareciera sin más. Ni una nota, nada, simplemente se esfumó.

No sé que tienen los días lluviosos. Quizás es porque no puedes ir a ningún sitio y te quedas en casa, en tu falsa seguridad. Te da por pensar, por reflexionar o por hacer tareas del hogar. Solo para rellenar el tiempo. A veces pasa tan lento.

Allí fuera podía pasar cualquier cosa. Me sentía segura en casa, un café caliente, una novela triste y la manta. Una manta, me acompañaba durante todo el invierno. Pasaba mucho frío en invierno.

Para mi madre era una trinchera. Se parecía a los soldados de Vietnam, aún atormentada por su pasado. Pesadillas, escalofríos y recuerdos, oscuros recuerdos. Sólo me tenía a mí y la risa cuando veía la tele.

La amaba con todo mi corazón y no podía abandonarla. Lo confieso, ya se me hacía largo. Yo también estaba al punto de la ruptura con mi pareja. Él creía que mi madre era un caso perdido, que tenía que seguir con mi vida y que una buena terapia me devolvería a mi madre. Nunca le hablé de esto a mi madre.

Un buen soldado aprende de su teniente. Para mí era una cuestión de principios, le confiaba todo a mi madre, excepto eso. También me dolía. Mi guerra era devolverme a mi madre. Me sentía culpable por esa noche. Si no la hubiese incitado a beber y bajar su guardia su secreto estaría a salvo y nada hubiese cambiado.

Ahora bebíamos para reirnos como antes. Por lo menos me quedaba eso, su risa. Tres gin tonics y 2 copas de vino. Un brindis.

Su boca se abrió:

– Lo siento, fui yo, te amo.

Era su confesión, mi padre no se había ido.


No sé si alguna vez te ha pasado. Hay personas que actúan de determinada manera y no sabemos bien por qué. Creemos entenderles, pero no es así.

Pensamos que son así por su propia naturaleza pero no sabemos lo que tienen detrás, qué han vivido, qué les ha hecho ser como son.

Estoy seguro que alguna vez no has entendido a alguien o su forma de actuar. Todos tenemos una mochila emocional. A veces pesa, a veces duele.


No quiero que me confieses nada pero me gustaría saber ¿Tienes alguna mochila emocional o conoces a alguien que la tenga?


Con cariño, Nacho.


Suscríbete a mi blog para recibir mis textos y ayudarme a llegar al corazón de más personas.

Processing…
Success! You're on the list.

Related Posts

6 thoughts on “Secreto enmudecido

  1. En la vida tienes varias mochilas pero lo importante es haberlas usado, sacar algo positivo para no voler a usarla, luego quitarla para seguir en el camino de la vida sin perder la ilusión, alegria y esperanza Muy lindo tu relato

  2. Muy bueno Nacho,te animo a que sigas plasmando eso que te ronda por la cabeza,muy buen comienzo,suerte compañero 😉.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *