Una palabra, mil emociones

Nacho Novoa – Escritor

El discurrir del agua, esencia de vida.

Ese día me desbordé. Si hubiese tenido elección, habría dejado mi cuerpo. Allí mismo, en el sofá de mi casa me hubiese marchado, lejos, muy lejos donde mi cuerpo no me encontrara. Mi cabeza sufría de niebla londinense, ya no veía más allá de unos pocos metros. Había sido una semana larga o mejor dicho eterna.

Era increíble ver pasar el agua río abajo. Daba miedo solo de ver la velocidad, sus remolinos podrían tragarse un barco. Dicen que el Río Congo es especial por ello, muchos navegante se hundieron en sus aguas. Era fascinante contemplar su fuerza indomable.

Me sentía en ese punto en el que cualquier tontería, incluso una broma inocente podría haber encendido la mecha. Mis amigos dicen que soy de mecha larga, me admiraban por ello. Yo en ese momento me odiaba por ser así, había aguantado demasiado, al menos para lo que mi dignididad como persona y como profesional me permitían. Era el momento de tomar medidas drásticas, cambiar el rumbo.

Estremecedor es ver caer su agua por el horizonte de una cascada. Conguito, así le llamaba cariñosamente a mi fluvial amigo, siempre daba espectáculo. Solo de pensar en caer desde esa altura y con esa violencia se me ponía la piel de gallina. Para mí era la línea que te llevaba al infinito, pero la caída estoy seguro que sería dolorosa.

Lo hice, no había vuelta atrás. Ese día todo cambió. Despedí a mi jefe, a mis trabajadores y a esa empresa que tanto me dio. Me sentí cayendo al vacío.

Volví a sentirme libre.

Fueron meses duros lo reconozco. Descolocado, hundido, raro….Tampoco veía la superficie en ese momento. El tiempo pasaba lento a ratos. Era el periodo más raro de mi vida. Pero tarde o temprano se sale a flote.

La magnificencia de la caída del agua trae consigo algo muy especial. EL agua levanta la tierra, mueve el fondo, las piedras y se produce una mezcla de vórtices sin precedentes. Es un efecto de centrifugado que transforma y purifica el agua. Al principio el agua se ve turbia y al cabo de unos cuantos metros se vuelve transparente, allí donde no quedan restos que remover en el agua.

Y poco a poco, casi sin notarlo todo se fue transformando en normal. Me volví a encontrar. Mi sonrisa volvió, los días dejaron de ser grises y todo volvía a fluir y coger velocidad. No tardé en ascender en mi nuevo puesto de trabajo y ya sentía que mi vida había dado ese giro que me hacía falta.

Sentí esa calma.

Es casi mágico ver como a los pocos kilómetros el río vuelve a parecer puro, coger velocidad y fluir majestuosamente por los meandros en su recorrido. Camino hacia el gran océano hace una gran frenada en un pequeña isleta. Un respiro en el que toma aire y acumula agua en pos de seguir su trayectoria.

Y fue ahí cuando volví a esa paz interior. Estaba listo para transitar con calma mis días. Había vuelto a encontrar mi esencia.

Al final, el río termina donde todo se orginia. En el océano, en la inmensa masa de agua que le vio nacer.


Hoy no te propongo mi reflexión…. prefiero que me la cuentes.

¿Qué aprendizaje sacas de este microcuento en forma de fábula?


Con cariño, Nacho.


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4 thoughts on “El discurrir del agua, esencia de vida.

  1. Quien no ha pasado por esas emociones lo exlicado genial con una mezcla entre lo real e irrealidad Me encanto Felicidades 🎊

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